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miércoles, 30 de septiembre de 2015

¡Come, por favor!


La teoría es bien fácil pero la realidad puede sacar lo peor que hay en ti y, eso puede generar el cataclismo. ¿Qué padres no han estado al borde de generar la tercera guerra mundial con las tonterías de su hijo frente a un plato de comida? ¿Y qué me dices cuando encima te sueltan las típicas perlitas?:

  • No quiere comer, no te enfades, ya comerá más tarde.
  • Bah, no te preocupes, eso es una fase por la que pasan todos los niños.
  • Si no come ya cenará.
¿No me dirás que no te han dicho alguna o las tres cuando comentas lo mal comedor que es tu hijo? Yo, estoy segura que me olvido de alguna frase más pero esas son las tres más repetidas en los últimos tres años.

sábado, 10 de diciembre de 2011

¡Crecen tan rápido!






Miro a mi Piojillo y me asombro. Me asombro de lo grande que está ya, parece un pequeño hombrecito. Me asombro de los avances que hemos hecho en este último año, quiero decir 18 meses, pasa tan rápido el tiempo. 

Me encuentro en una encrucijada. Por un lado, tengo ganas de pasar esta etapa de ir corriendo detrás de él a todas partes, de tener 20000 ojos clavados en él cada vez que se sube a un sillón, trepa por una mesa, corre sin parar; dejar la etapa de dientes saliendo y de noches sin dormir. Sin embargo, por otro lado, ya empiezo a echar de menos que me necesite para todo. 

La primera señal fue cuando meses atrás no quiso que le diera yo el bibe, ¡quería tomárselo solo! Esa fue su primera señal de independencia. Acto seguido celebró su primer cumpleaños dando sus primeros pasos, poco después ya no necesitaba que papá y mamá lo ayudaran a ir de un lado a otro. Antes de terminar el verano corría como un locuelo sin necesidad de ayuda y desde hace un mes come en nuestra mesa, no quiere la trona, utiliza el tenedor o los deditos para comer él solito.

De pronto descubres que empieza a balbucear palabras con sentido, que dice agua cuando quiere beber, que sabe perfectamente quién es papá y quién mamá. Es más sabe quién es Gabo y que dice guauuguaau.

Precisamente, gracias a Gabo comenzó a decir caca, cada vez que ve al piojillo canino hacerla termina diciendo cacaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Y entonces empezó a decir caca cada vez que él mismo la está haciendo y justo en ese momento me entró la morriña. Empecé a añorar a aquel pequeño bebé de hace 18 meses.