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lunes, 2 de enero de 2012

¿Y Mamá?

Calimero siempre decía aquella célebre frase de " Nadie me  comprende", yo terminaré acuñando la frase de " Nadie me cree". Nadie  cree que mi piojillo sea un terremoto. Todo el mundo piensa que mi bichejo es bueno, buenecito.¡Un santo!

A ver yo nunca he dicho que mi piojo sea malo. Sencillamente, es un niño que hace cosas de niño. Un bebé de 18 meses que necesita investigar, descubrir el mundo y para ello es necesario e imprescindible, abrir cajones y sacar de ellos todo lo que contienen y desparramar el contenido por el suelo. Subir a las mesas, trepar por los sillones, hacer murales de tiza por los muebles dela cocina (los bolis y rotuladores escondidos para que sólo sea arte efímero). Por lo demás, es un niño bueno, no tengo queja de él, no llora por tonterías, come muy bien y parece ser que Papá Noel me quiere mucho y tras un par de días de despertares nocturnos vuelve a dormir toda la  noche (toco el serrín de mi cabeza por si acaso).

Sí, lo reconozco lo que sí  he dicho es que mi piojo  es un terremotillo  que no para en todo el día pero también he dicho en más de una ocasión que se porta muy bien fuera de casa. Venga que demuestra que va a "Guardería de pago",¡cómo la mayoría de los niños de este país!¡Aprovecho para reivindicar más guarderías públicas!

Estas vacaciones mi piojillo ha demostrado ese "angelito" que lleva dentro. Dejando a los padres como al protagonista de Pedro y El Lobo.Además de demostrarnos cuanto nos echa de menos cuando no estamos a su lado, ejem...ejem... Se ha pasado unas vacaciones de fábula disfrutando de sus primos, parque, columpios, paseos, juegos en casa de la yaya y el abu. Nada de abrir cajones para cotillear. Nada de sacar el contenido de ellos. Nada de pintadas en muebles. Nada de escaladas por los sillones. Nada nada nada de locuras. Ha compartido juegos y juguetes. Ha dado las gracias "grasias". Y se ha ido con todo el mundo, primos, tíos, abuelos, bisabuelo...etc... No extraña aunque los vea cada 6 meses, ufff, él como sí los viera cada día. Les ha regalado cariños, risas...los besos los deja para Pocoyó, ¿qué le vamos a hacer?

Así que nos ha dejado por mentirosillos. Es más aún nos ha demostrado que no necesita estar con nosotros las 24 horas del día. Más aún no sólo no necesita de nuestra presencia constante sino  que nos dice adiós tan tranquilo mientras nos ve alejarse. Ni lloros ni nada de nada. Él sigue jugando tan contento. Sí , sí es una maravilla poder dejar a tu hijo con alguien de tu confianza mientras puedes hacer cosas que con él no puedes pero en el fondo te duele un poquito el  alma al darte cuenta que empieza a ser independiente. Quizás sea un poco de egoísmo maternal. No sé...

sábado, 10 de diciembre de 2011

¡Crecen tan rápido!






Miro a mi Piojillo y me asombro. Me asombro de lo grande que está ya, parece un pequeño hombrecito. Me asombro de los avances que hemos hecho en este último año, quiero decir 18 meses, pasa tan rápido el tiempo. 

Me encuentro en una encrucijada. Por un lado, tengo ganas de pasar esta etapa de ir corriendo detrás de él a todas partes, de tener 20000 ojos clavados en él cada vez que se sube a un sillón, trepa por una mesa, corre sin parar; dejar la etapa de dientes saliendo y de noches sin dormir. Sin embargo, por otro lado, ya empiezo a echar de menos que me necesite para todo. 

La primera señal fue cuando meses atrás no quiso que le diera yo el bibe, ¡quería tomárselo solo! Esa fue su primera señal de independencia. Acto seguido celebró su primer cumpleaños dando sus primeros pasos, poco después ya no necesitaba que papá y mamá lo ayudaran a ir de un lado a otro. Antes de terminar el verano corría como un locuelo sin necesidad de ayuda y desde hace un mes come en nuestra mesa, no quiere la trona, utiliza el tenedor o los deditos para comer él solito.

De pronto descubres que empieza a balbucear palabras con sentido, que dice agua cuando quiere beber, que sabe perfectamente quién es papá y quién mamá. Es más sabe quién es Gabo y que dice guauuguaau.

Precisamente, gracias a Gabo comenzó a decir caca, cada vez que ve al piojillo canino hacerla termina diciendo cacaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Y entonces empezó a decir caca cada vez que él mismo la está haciendo y justo en ese momento me entró la morriña. Empecé a añorar a aquel pequeño bebé de hace 18 meses.