Para mí el campo es para los pajaritos. Me gusta los buenos hoteles, con sus mullidas camas, sus duchas impecables, su aire acondicionado y sus desayunos con zumo de naranja recién hecho y croissants calentitos con mermelada de fresa. No soy de botas de montañas sino de sandalias y tacones. Elijo los bolsos y descarto las mochilas. ¡Ojo! Pero, aunque mi hermano me llame "pijita" no soy de las de osea.
¿Por qué cuento todo esto?
