Esta mañana, por fin, la Navidad se ha despedido de mi salón, de mi casa. Adoro la Navidad pero a estas alturas le estaba empezando a coger manía al arbolito.Decirle adiós a la Navidad me ha costado dos horas de reloj de limpia limpia en el salón. Claro, ya que estás quitando el árbol y demás cachivaches te pones y limpias a fondo. Eso sí, los cristales del ventanal sólo por dentro, que no ha parado de llover en todo el día.
Los cristales. Je, en ellos empleé largos minutos, raspando los dibujitos navideños que el papá del Piojo había dibujado en ellos. Grrrrr, muy monos, muy navideños pero un engorro a la hora de limpiar.Sin embargo, las huellitas de los deditos de mi Piojo y las marcas de sus labios en los cristales no dan menos trabajos y más cuando los limpias y sabes que en breve volverán a estar ahí.Grrrrrr.... Ahí y en la pantalla de la tele, que a veces limpio los cristales de las gafas pensando que los llevo sucios y ¡no, no son las gafas sino la pantalla de la tele!
Y es que mi Piojo deja rastros por todas partes, cristales, tele,mueble. Y si rastros va dejando no menos importantes son los" tesoros ocultos" bajo sofá y muebles. Pelotas,cuento,libreta,una pajita, un ratoncito,unos palillos chinos,dos limas(sustraídas de mi neceser y mordisqueadas por el Piojo canino).Ya verán el testimonio gráfico que he sacado fotito y la colgaré en el Miércoles Mudo.
Valió la pena. El salón quedó resplandeciente. Resplandeciente hasta las cinco.Hora en la que el Piojo sale de la guardería. Hora en la que se hizo amo y señor del salón con su fiel escudero. No he mirado bajo el mueble, ni bajo el sofá pero hace una hora Gabo intentaba sacar algo oculto bajo el sofá. Supongo que volvemos a tener tesoros ocultos en el salón.
